Ediciones de la Flecha

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1/21/13

Blanco y Hierrezuelo 1980: la magia del Villanueva

En 1980 comenzó la tradición de celebrar el teatro cubano el 22 de enero como recuerdo a los Sucesos del teatro Villanueva de 1869 cuando  los  voluntarios irrumpieron  durante la representación de Perro huevero aunque le quemen el hocico, de Juan Francisco Valerio. Mucha tinta se ha volcado en recrearlos desde la propia prensa de la época  (El Moro Muza) hasta la actualidad y muchas versiones existen de cuál bocadillo desató la ira y la represión  del cuerpo español. Ese mismo año durante la inauguración del Festival de Teatro de La Habana –que transformaba para siempre los  panoramas de Teatro y Danza de los setenta– Roberto Blanco realizó un espectáculo original  a partir de fragmentos de la obra bufa, a los que incorporó la famosa frase en boca de Matías:
¡No tiene verguenza ni buena ni regular ni mala el que no diga conmigo ¡Viva la tierra que produce la caña!
Pero sobre todo  el juego entre el teatro dentro del teatro, la escena,  la improvisación de los caricatos y las reacciones del público. El bocadillo incendió el ambiente insurrecto que primó en el recinto donde  según el historiador Pirala las mujeres fueron de azul y blanco, con los cabellos sueltos y salpicados de estrellas.
Por desgracia no creo que haya sobrevivido  mucho de aquella representación -que se repitió el mismo día de tanto público que quiso entrar en la sala Covarrubias– y ojalá exista alguna filmación. La Tanda de Guaracheros, los soldados del MININT personificando las fuerzas españolas y las actuaciones de Mercedes Arnaiz, Susana Alonso, Omar Valdés, Ramón Zamorano, Carlos Pous y Mario Balmaseda, entre los tantos que incorporaron los «inocentes» personajes de Valerio y a los valientes habaneros, mientras Eduardo Robreño comentaba los hechos históricos, con su clásica amenidad.

Es uno de los trabajos más originales de Blanco – director, actor, profesor  y traductor memorable de tantas puestas– porque con su talento, hizo algo más que una puesta de ocasión o cumplió el encargo onomástico. Siempre pensé que era una manera de abordar los bufos sobre la que nadie se ha puesto de acuerdo. Nunca más se repitió.
Gabriel Hierrezuelo hizo los bocetos de escenografía y vestuario. Hablan por sí solos del cuidado por el detalle histórico  y al mismo tiempo,  de la contemporaneidad del trazo y la frescura de concebir un espacio integrado por actores-espectadores, ahora en abierta complicidad.
La actriz y productora Magaly Boix los ha conservado y gracias a su amabilidad y  la de su hijo, el fotógrafo  Iván Cañas, La Flecha puede mostrar la obra de un gran diseñador cubano  como  recuerdo a todos los que hicieron posible aquella magia  y la renuevan hoy en  las nuevas jornadas Villanueva. 

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